Había una vez un hombre llamado Ramón que tenía un campo lleno de colores. Los niños iban a visitarlo siempre y le preguntaban: ¿cómo hace para tener colores en toda su casa y en su tierra?.El hombre les respondió: porque yo tengo algo muy pero muy importante que es mi felicidad, eso hace que todo brille en donde yo vivo.
A Ramón le gustó mucho que le peguntaran, porque nunca habían averiguado como hacía, cómo era posible este lugar multicolor que no exi
stía en ningún otro lado. Pasaron 2 semanas y de repente comenzó a llover chocolate; por supuesto empezó a manchar y a quedar todo marrón oscuro y claro.
En la ciudad “Maestrín Colores” también llovió chocolate.
Nadie jamás supo por qué pasó esto, pero así fue…
El hombre decidió pedir ayuda porque había perdido toda la alegría de su campo.
Vino la abuela Mercedes, una viejita a la que todos querían; Ramón y los chicos le dijeron:
Abú, Abú... ¡ayúdenos,!
La abuela respondió:
- Déjame pedir colaboración a más personas.
Bueno está bien, yo por mi parte voy a llamar a Juan y a Guadalupe.
Vinieron enseguida, pero Ramón continuaba muy triste…
Guadalupe y la abuela que era muy sabia pensaron: tiene que haber una forma de resolverlo y todos se pusieron a reflexionar, ¡el secreto tiene que ser recuperar la felicidad!
Pasaron los días hasta que entre todos se dieron cuenta que regalando chocolate a los chicos del mundo podría alegrarlos y vivir lo bueno que es compartir la felicidad.
Así el lugar recuperó su brillo, ¡y cada vez es mayor! porque son más las personas contentas que hay en ese lugar.
Así el lugar recuperó su brillo, ¡y cada vez es mayor! porque son más las personas contentas que hay en ese lugar.
Florencia Tapia - 6º Grado - (cuento)

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