jueves, 27 de noviembre de 2008

El Reloj Encantado

Había una vez un reloj llamado Rotiro que no era un reloj cualquiera porque estaba encantado; lo habían hecho las hadas dejando caer su magia sobre él porque era el reloj más lindo y más grande de la región. Rotiro había sido colocado en la torre más alta del pueblo, la torre Taling, desde allí observaba todo el paisaje de la comarca; la magia consistía en que marcara horas felices y alegres; nunca una hora triste tendría este pueblo.
El pueblo de Rotiro era viejo pero hermoso, estaba en una magnífica colina llamada Gruchi, la cual estaba cubierta de flores pequeñas y perfumadas. La aldea era muy grande con casas de todos los colores, espaciosas, pequeñas, algunas simples y otras muy adornadas; había por lo tanto un montón de calles y de negocios de ropa y jugueterías, supermercados, etc, pero lo más importante es que sus habitantes estaban siempre contentos.
El reloj era muy querido por las personas de la aldea porque les decía a los niños cuando ir a jugar, marcaba las horas para salir a pasear de los viejitos y los momentos de comer y dormir de las familias, todos el pueblo confiaba en él.
Pero un día apareció una bruja malvada, que estaba dispuesta a romper la magia de las hadas y le lanzó a Rotiro un maleficio; por culpa de ese maleficio el reloj se atrasó y se adelantó, se paró y volvió a comenzar hasta marearse, así fue que los niños almorzaron a las 9 de la mañana y se acostaron a dormir a las cinco y media de la tarde y ya no había horas alegres, eran horas desordenadas.
Todo el mundo empezó a culpar al reloj, pero había sido la bruja malvada. El pobre Rotiro se había quedado sin amigos, hasta la torre quería echarlo de su pared; la población estaba desesperada, comían mientras dormían, los niños se acostaban a dormir en la escuela, los pájaros cantaban de noche, los negocios abrían al amanecer y cerraban de día, todo se había convertido en un verdadero lío, y los pobladores comenzaban a discutir por cualquier cosa.
El reloj decidió luchar contra el hechizo. Para ello llamó a las horas y a los minutos que ya habían pasado y que andaban paseando alegremente por allí. También vinieron las hadas y juntos formaron un ejército inmenso para luchar contra el hechizo. Comenzaron despacito, despacito, acomodando cada uno de los momentos que se habían desordenado y así Rotiro pudo volver a decir la hora y el pueblo comenzó a confiar nuevamente en él. Así vivieron siempre felices y comieron perdices a la hora que correspondía.
Valentina Julia Dalmasso - (cuento) - 6º Grado

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